Me regaló un anillo. No me pidió
matrimonio propiamente dicho, pero para mi, ese anillo fue en si ya un
compromiso de que lo nuestro iba en serio, él me respetaba y me quería.
Seguimos avanzando en nuestros
días y al iniciar el 2012 decidimos que nos íbamos a casar.
¿Quién me lo iba a decir a mi? No
es que fuera anti- bodas, no. De hecho, a mi me encanta ir a bodas, siempre me
ha gustado. Pero nunca me había planteado MI propia boda. Yo no era de las que
pasaba delante de una tienda de novias y me paraba a mirar el escaparate. Nunca
me había imaginado a mi misma vestida de novia ni dando el paso del matrimonio.
No. Yo era de las que pensaba que jamás se iba a casar… Pero… amaba a Iván y
quería compartir mi vida con él, ¿porqué razón no casarse?
Empezamos a mirar sitios sobre el
mes de Mayo… en un principio nos planteamos algo sencillo, pocos invitados y si
pudiéramos permitírnoslo, que se quedaran a dormir. Un entorno rural, cerca de
la naturaleza… Pero te vas emocionando y… empiezas a hacer lista de invitados…
entonces te das cuenta que ya llegas a 100 invitados, que no vas a poder
permitirte que se queden a dormir y terminas montando una boda al estilo
tradicional.
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| No quedó nada de la cena |
La verbena de San Juan del 2012, fuimos a cenar a
un restaurante en Santpedor. Se llama el Mirador del Montserrat. Nos gustó el sitio, nos gustaron los jardines, nos
gustó el trato amable de sus dueños, pero sobre todo nos gustó la comida. A mi
se me gana por la comida, soy así. Esa misma noche, estuvimos preguntándole a
la dueña el tema de las celebraciones. Le dijimos que nos queríamos casar al 1
de Diciembre de ese mismo año. Nos dijo que nos habíamos decidido con poco tiempo, pero que como era en Diciembre no había problema… Y
que además, nos podían hacer la ceremonia oficial allí mismo, nos casaría el
alcalde del pueblo. Salimos del Restaurante, tiramos algunos petardos. Yo tiré
cebollitas y algún chino. Iván tiró petardos más grandes. Habíamos escogido el
Restaurante para celebrar nuestra boda.
Decidimos comunicar nuestra decisión
de casarnos al día siguiente en la comida familiar. En mi familia, San Juan es
un gran acontecimiento. Mi padre se llama Joan, mi hermano se llama Joan, mi
sobrino se llama Joan, mis abuelos ya fallecidos se llamaban Juan e incluso, mi
abuela se llamaba Juana. Y para colmo, me había buscado una pareja que se llama
Iván, que es Juan en ruso. Por lo que, comunicarlo ese día, era ideal. Así que
justo cuando terminamos de comer, solté “¿tenéis algo que hacer el 1 de
Diciembre?”. Se quedaron todos callados, sin entender nada y dijimos “es que
nos vamos a casar”.
